El cine colombiano abrió una nueva página con Soñé su nombre, la primera película estrenada en el marco del Fondo ERA, una obra que no solo representa, sino que conmueve, transforma la narrativa del conflicto y pasa de la memoria a la pantalla.
Dirigida por Ángela Carabalí, documentalista y productora afrodescendiente, la película relata el viaje íntimo que emprendieron Ángela y su hermana Juliana en la búsqueda de su padre desaparecido, quien, a través de un sueño, le pidió ser encontrado. Desde esa experiencia profundamente personal, la historia se proyectó como un relato colectivo sobre la memoria, la ausencia y la necesidad de nombrar.
Nombrar la memoria es un acto de justicia: aquello que se recuerda, se niega a desaparecer.
Territorios que tejen memoria y construyen paz
Tumaco se convirtió en el escenario idóneo para el evento de pre-lanzamiento, siendo así el primer territorio en acoger la proyección de la película. Este punto de partida fue estratégico ya que permitió abrir una conversación necesaria con el Pacífico, una región permeada por el conflicto armado y las desapariciones forzadas asimismo un territorio que ha resistido desde el arte y la cultura.
El 17 de octubre, en la Casa de la Cultura de Tumaco, la comunidad participó activamente en este primer encuentro. La jornada incluyó la proyección del documental, un espacio de diálogo con la directora y un acto musical que reforzó los vínculos entre memoria, identidad y territorio.
A través de una narrativa íntima, Soñé su nombre propició una reflexión sobre la memoria y la sanación, evidenciando el poder del cine como herramienta para transformar el dolor en expresión artística. La película se vivió como un puente simbólico que permitió reconocer la ausencia, dignificar las historias y abrir espacios de encuentro.
